EL ANDAR | SUBSCRIBE | ISSUES | MORE INFO | COMMENTS | COVERS | QUIENES SOMOS

EDICIÓN DE PRIMAVERA 2000

 

Los contrabandistas de dinero

Desde la aprobación del TLC y la expansión de los cárteles de narcotráfico en México, el contrabando y el blanqueo de dinero se han convertido en un negocio que reporta unas ganancias anuales de 30 mil millones de dólares en Estados Unidos.

Los inspectores aduaneros se esfuerzan por detener el flujo de dinero que atraviesa la frontera, pero desde Laredo hasta las torres del Citibank en Nueva York, las instituciones financieras de élite han socavado tales esfuerzos, mimando a clientes sigilosos y poderosos.

 

de Julia Reynolds
fotos de Janjaap Dekker

 

I. La vida en el carril sur
Puente Internacional de Laredo, Texas

Ese automóvil de ahí enfrente, el Blazer negro, podría tener medio millón de dólares bajo el asiento trasero. Pero ya se ha esfumado —y no queda más que una estela de humo cruzando como un rayo el Río Grande y adentrándose en Coahuila.

Con ochenta y seis grados de temperatura y humedad en el ambiente, los inspectores Hernández e Hinojosa —nombres ficticios— deben apresurarse entre las camionetas, los remolques y las furgonetas abolladas que van avanzando por la Interestatal 35 bajo el sol del mediodía del Sur de Texas.

Se encuentran justo en medio de los carriles dirección sur, antes de llegar al Puente Internacional de Laredo. Un desfile de vehículos de una milla de longitud se dirige hacia México. Y aunque la mayoría de inspectores de aduana estadounidenses se pasan el día controlando a personas y vehículos que entran en el país, Hernández e Hinojosa son de los pocos que vigilan a los que salen.

Arrojan conos anaranjados a la calzada, y el tráfico enseguida reduce su marcha hasta detenerse. Hernández pregunta a los conductores si tienen algo que declarar antes de abandonar los EE.UU.

Con un ademán, indica a un todoterreno rojo y nuevo que se dirija a inspección secundaria —a la sombra de un toldo, menos mal— donde Hinojosa pide a los ocupantes que salgan del vehículo para que Hernández pueda comprobar los antecedentes penales del conductor. Hinojosa busca contrabando. Anda en busca de armas, claro está, y de precursores químicos —materias primas utilizadas en la fabricación de drogas o armas de destrucción masiva. Pero más que nada, anda en busca de dinero.

Mientras tanto, el Inspector Hernández pide al conductor que vacíe el contenido de sus bolsillos en una mesa. Este tipo lleva un fajo de billetes muy bien envuelto —US$7500— en el bolsillo. Es perfectamente legal: sólo es preciso declarar las cantidades en efectivo superiores a US$10,000. Pero también tiene un vehículo de alta tecnología muy caro y unos antecedentes penales que aparecen en la computadora: lo detuvieron recientemente por vender marihuana.

Hernández explica que este trabajo tiene su arte. Cuando empezó, observaba a otros inspectores para hacerse una idea de cómo funcionaban sus instintos.

Hay cosas intangibles, cosas que sólo se perciben con años de experiencia: el conductor parece estar nervioso, quizás lo pillen mintiendo, o éste —ésta, en algunos casos— tiene llaves inglesas Allen para los tornillos de la cubierta del suelo, o una máquina de envasado de plástico en el vehículo, o simplemente algo raro.

Y este tipo tiene algo raro, así que ahí vienen los inspectores con su arsenal.

Primero, un espejo de mango largo para mirar bajo los asientos y dentro de los parachoques. Hinojosa busca bultos en el suelo o asientos más elevados de lo normal. Ahora saca un destornillador para desmontar un televisor que hay en la parte de atrás. Esta vez no llega a examinar el depósito de gasolina. Si lo hiciera, utilizaría un periscopio largo y fino en forma de serpiente, como los que usan los cirujanos, para iluminar y ver el interior del depósito. Alguna que otra vez, encuentra un paquete de dinero envuelto en plástico flotando por ahí dentro. Si el caso en cuestión lo merece, remuelcan el vehículo entero hasta una zona de carga, donde pulgada a pulgada, lo someten a inspección por rayos X.

Cien mil dólares no ocupa demasiado espacio: posiblemente el espacio de una caja de zapatos si hay muchos billetes de veinte, o incluso menos si son billetes grandes. Hace tan sólo unas semanas, este equipo encontró casi un cuarto de millón de dólares escondido en un parachoques, con la ayuda de su perro rastreador, entrenado para olfatear dinero.

Laredo, de 122.000 habitantes, es uno de los puertos más concurridos de entrada a los EE.UU. En esta región se procesa aproximadamente la mitad del tráfico total que entra por la frontera, un 68 por ciento del comercio, y el 80 por ciento del tráfico ferroviario proveniente de México. Los inspectores no saben cuánto dinero se cuela ni en una dirección ni en la otra. Gran parte de este dinero pasa vertiginosamente por delante de sus narices mientras el tráfico del libre comercio cruza, apresurado, una frontera cada vez más etérea.

Simplemente, no hay suficiente de nada para hacer este trabajo: no hay suficiente personal, ni tiempo, ni tecnología. Laredo sólo está provisto de cuatro inspectores, y los cuatro no pueden cubrir la frontera las veinticuatro horas del día.

“Casi todos los miembros de nuestro equipo de dirección sur obtuvieron ascensos el año pasado, así que se trasladaron”, comenta Eugene Garza, director de puertos que supervisa los tres puertos de entrada de Laredo. “… lo único que podemos hacer es aumentar [el equipo sur] pagando horas extra para que puedan trabajar un poco más y cubrir un poco más de territorio.”

“Es muy duro, porque no disponemos de las mismas facilidades que en dirección norte. No hay zona de inspección secundaria… no hay cabinas primarias, como las que hay en dirección norte, donde puedan trabajar los inspectores. Hay que sacar —literalmente— los automóviles afuera de la carretera.”

La policía de Laredo trata de ayudar trabajando en la autopista, a varias millas del puente. Hace unos meses, la policía se hizo con 3 millones de dólares de esa manera.

Los funcionarios de aduana del Puente Internacional también están orgullosos por el hecho de haber confiscado alrededor de 1,7 millones de dólares en los últimos cuatro meses y medio. En el último año fiscal, los funcionarios de aduana del Sur de Texas confiscaron 21 millones de dólares, lo que representa un aumento del 45 por ciento con respecto al año anterior.

Aún así, 21 millones de dólares supone una cantidad insignificante en comparación con el torrente de miles de millones de contrabando que salen de Texas cada año. La mayor parte del tiempo, este trabajo es difícil y frustrante, y lo que lo hace todavía más duro es el hecho de que la gente que vive lejos de la frontera apenas ha oído hablar del contrabando de dinero, y ya ni hablemos de comprender el cómo o el por qué de esta actividad.

María P. Reba, directora de operaciones de campo de toda la región del Sur de Texas, sabe que es difícil conseguir que la gente se preocupe por el tema. “El Congreso escucha a la gente. La gente piensa que la inmigración es, más que nada, un problema, y eso es lo que el Congreso financia.”

Reba, originaria de Puerto Rico, ha sido funcionaria del gobierno casi toda su vida, y vino a Laredo después de un corto período en Washington, donde colaboró en la elaboración del TLC. El territorio actualmente a su cargo se extiende a lo largo de 400 millas de frontera entre Texas y México, desde Del Río hasta Brownsville, y dirige diez puertos de entrada, incluidos los aeropuertos de San Antonio y Austin.

Reba desearía que “pudiera prohibirse el comercio de drogas”, pero seguir permitiendo el libre comercio entre EE.UU. y México. Reconoce que el TLC, al aumentar desmedidamente el tráfico de la frontera, ha extendido más el problema del contrabando. Reba piensa que para hacer un buen trabajo, son necesarias tres cosas: tecnología, como por ejemplo rayos X que permitan examinar rápidamente un vehículo, servicios de información, “lo cual es difícil porque al fin y al cabo, se trata de dos países soberanos”, y “sistemas de selección” automatizados, que proporcionen asistencia al advertir sobre ciertos tipos de vehículos antes de que alcancen el punto de control.

“Sé que la gente se siente frustrada porque lo que hacemos entorpece su marcha. Yo querría decirle a la gente que hacemos esto porque es nuestro trabajo”, dice Riba. “Tengamos todos paciencia.”

Ahí afuera, Hernández e Hinojosa están pensando que el tipo de la camioneta roja probablemente esté traficando algo. Pero hoy no tienen ninguna prueba para agarrarlo, así que le dicen que siga adelante. Él deja escapar un suspiro y se larga. Y los inspectores regresan a la autopista de vehículos para ver si hay suerte y hoy pueden pescar algún pez en este río.

El olor del dinero:

El contrabando, paso a paso

Desde que el TLC abriera las puertas al comercio en América del Norte, líderes estadounidenses y mexicanos se han deleitado en el crecimiento que éste ha traído consigo —casi gritando de alegría que el comercio fronterizo rebasó los 200 mil millones de dólares el año pasado. Sin embargo, el TLC lleva consigo también otro caudal de dólares, más turbio: el efluente del narcotráfico. El tráfico de dinero contaminado constituye una empresa tan lucrativa que los bancos estadounidenses han entrado felizmente en acción.

Al blanqueador de dinero se lo pone todavía más fácil el hecho de que la mayoría de la gente no tiene la más remota idea de cómo funciona este proceso. Hoy en día, el negocio del dinero sucio se compone de dos etapas: primero, el dinero tiene que salir del país, y luego tiene que volver a entrar, tras lo cual con frecuencia encuentra un hogar en una acogedora institución financiera estadounidense.

La primera etapa es sencilla, pero arriesgada a la vez: el dinero obtenido en la venta de drogas en EE.UU. es ocultado en camiones y coches, y transportado a México, donde se invierte en negocios mexicanos o se ingresa en bancos que realizan escasas investigaciones, o ninguna, para averiguar el origen de los fondos. A continuación, regresa a EE.UU. por medios más respetables, tales como transferencias bancarias o a través de empresas importantes —“repatriadas”— y se ingresa en bancos estadounidenses para mantenerlo a buen recaudo o para financiar otras operaciones.

Se ha calculado que cada año, entre 20 y 40 mil millones de dólares en moneda estadounidense pasa por Texas, y luego entra y sale de México de esta manera. Estas cifras reflejan un aumento, en comparación con los 10 - 30 mil millones de dólares calculados hace tan solo tres años. Pero las cifras reales son imposibles de precisar.

“Sé que aquí la gente lo mide; tenemos una idea de la cantidad de reserva de efectivo almacenada en los bancos” señala Garza. “[Pero] nosotros como agencia, no creo que pudiéramos medirlo. Los contrabandistas no publican sus estados de cuentas.”

Los ingresos de grandes sumas de dinero son enviados a bancos estadounidenses por empresas mexicanas importantes, o llegan en forma de transferencias interbancarias desde instituciones financieras mexicanas, y por tanto a menudo no se someten al escrutinio de las leyes estadounidenses de blanqueo de dinero.

Stanley Morris, director de la Red contra delitos financieros (“Financial Crimes Enforcement Network”), describió el tipo de operación más común en una audiencia del Congreso en 1997. El Representante Henry B. González de San Antonio exigió la investigación de unas reservas monetarias de gran magnitud que se decían estar almacenadas en bancos del Sur de Texas.

Morris explicó que el contrabando de divisas atraviesa la frontera “en una maleta o… en el maletero de un automóvil.” Una vez que llega a México, se ingresa en un banco mexicano, y ahí es cuando se le empieza a perder el rastro.

“Pongamos que toda esta actividad tiene lugar en el mismo día”, continúa Morris. “Y durante este día el banco recibe no sólo el ingreso de dinero del narcotraficante, sino también divisas estadounidenses adicionales provenientes de fuentes legítimas.” Al final del día, el banco mexicano tiene más divisas estadounidenses de las que necesita para el cambio de pesos y otras transacciones en dólares. El banco mexicano envía el exceso de divisas a un banco estadounidense donde tiene una relación correspondiente de cuentas.

“Llegados a este punto, ni la policía ni el banco estadounidenses tienen información disponible relativa al propietario o al origen de la porción de moneda extranjera resultante de la actividad ilícita.”

En otras palabras, ahora está “limpia”.

Los camiones blindados constituyen uno de los métodos predilectos para traer este dinero a casa, ya que están exentos de los informes exigidos en las grandes transacciones de dinero. Se espera que sea el banco receptor el que se responsabilice de todo el dinero, no los inspectores de aduana.

“El TLC tuvo numerosos efectos”, observó la Representante de Nueva York Carlyn Maloney, “uno de los cuales es que no tenemos la obligación de detener a todos los camiones que entran por nuestras fronteras, así que esa inspección no se hace. …Si no estamos deteniendo a estos camiones, ¿cómo estamos controlando lo que nos meten en el país?”

Aquella audiencia en particular del Comité de Banca y Servicios financieros de la Cámara de Representantes (“House Banking and Financial Services Committee”) se celebró como resultado de la frustración creciente de Henry B. González al intentar conseguir una respuesta clara del Servicio de Rentas Internas (IRS), la Reserva Federal y Alan Greenspan, sobre la razón de la existencia de fondos sobrantes y en aumento, por valor de 3 mil millones de dólares en los bancos del Sur de Texas, según informes de la sucursal de la Reserva Federal en San Antonio.

Las respuestas ofrecidas por IRS inquietaron a González de manera especial. En lugar de concentrar sus esfuerzos intentando localizar las cifras —admitidamente difíciles de encontrar— necesarias para comprender el verdadero origen de los fondos sobrantes, IRS se limitó a reunirse con un grupo de banqueros del Sur de Texas y presentó varias “explicaciones razonables”.

Una de ellas era que “el crecimiento del turismo y el comercio a ambos lados de la frontera ha creado un aumento de actividad significativo, principalmente en fondos en efectivo.”

Asimismo, IRS simplemente declaró que los ingresos de grandes sumas de dinero provenientes de México podrían explicar el resto del exceso de fondos, a lo que González replicó, incrédulo, “En todo caso, los envíos de grandes sumas de dinero desde bancos mexicanos a la Reserva Federal de San Antonio suscitan cuestiones todavía más preocupantes”. Tales ingresos interbancarios son, al fin y al cabo, uno de los métodos preferidos por los narcotraficantes.

Una de las preguntas más interesantes de la audiencia fue planteada por el Representante Jim Leach.

“Se me ocurre”, dijo Leach, “que en mi estado de Iowa tenemos algunas granjas donde se engordan cerdos. Y al pasar en auto por delante, la gente describe esto como el olor del dinero. Y la duda que me surge a raíz de esta observación es: ¿se puede oler el dinero?”

Sí que se puede. Es por eso que el Departamento de Aduanas de EE.UU. ahora se ayuda de perros capaces de oler dinero, a pesar de que los seres humanos no puedan olerlo. Por supuesto, hay gente que estaría en desacuerdo con esta afirmación.

Otra forma de disfrazar el dinero es “hinchando las facturas” en negocios donde se manejan grandes sumas de dinero, como las casas de cambio, o en ventas de autos de segunda mano a ambos lados de la frontera. Después de descubrirse el asesinato de cuatro doctores, se averiguó que la banda de narcotraficantes de Carrillo Fuentes había utilizado incluso dos hospitales de Juárez para blanquear dinero.

“No cabe duda de que se están utilizando negocios legítimos”, afirmó Edward Federico de la División de Investigaciones Penales de IRS. “El dinero mismo se ha limpiado y ya forma parte del dinero en circulación.”

Tras la indagación del Representante González, los excesos de fondos en el Sur de Texas prosiguieron su ascenso, al menos hasta recientemente. En 1997, la sucursal de la Reserva Federal en San Antonio anunció un exceso de fondos de 3,4 mil millones de dólares, y uno de 3,2 millones en 1998. Por razones todavía inexplicables, las nuevas cifras muestran un descenso en el exceso de fondos que lo sitúan alrededor de 1,6 mil millones de dólares en 1999.

Aún así, todo parece indicar que el blanqueo de dinero y el contrabando van en aumento. “Empezamos a ver pruebas de que el problema está empeorando cuando vemos grandes sumas de dinero en las incautaciones”, declara Garza, director de puertos.

El Congresista Henry B. se jubiló poco después de su investigación, sin haber podido verla llevada completamente a término. Pero desde entonces, ha habido algo de actividad en Washington.

El Decreto Estratégico de Blanqueo de Dinero y Delitos Financieros (“Money Laundering and Financial Crimes Strategy Act”) de 1998 dispuso la elaboración de una estrategia antiblanqueo de dinero de cinco años de duración, dirigida principalmente a bancos y grandes empresas. En septiembre del año pasado, los Departamentos del Tesoro y de Justicia hicieron público un informe de 79 páginas en el que se detalla la “Estrategia Nacional de Blanqueo de Dinero para 1999” del gobierno de Clinton, que impone una serie de nuevas medidas —como permitir que delitos tales como el tráfico de armas y la “corrupción pública” se consideren fundamento suficiente para entablar acción judicial por blanqueo de dinero, o como instar al Grupo de los Siete (siete naciones industrializadas) a que adopten normas sistemáticas para las transferencias monetarias internacionales. Como resultado de esta estrategia surgió una ley, el Decreto de Blanqueo de Dinero de 1999.

Más tarde, en diciembre del año pasado, se constituyó en ley el Decreto de Designación de Narcotraficantes Extranjeros Clave (“Foreign Narcotics Kingpin Designation Act”), extremadamente controvertido pero de poca publicidad. Dicho decreto confiere carácter penal a todo negocio llevado a cabo con cualquier miembro de una lista de "Narcotraficantes extranjeros importantes", y permite la incautación de capital estadounidense vinculado a estos traficantes.

El proyecto de ley a duras penas consiguió salir de la Cámara de Representantes, debido a los esfuerzos del Senador Republicano Richard Shelby de Alabama de suavizar el proyecto de ley mediante el requisito de pruebas legales de tráfico de drogas deliberado como condición para la incautación de fondos. Shelby fue acusado por un antiguo hombre de confianza de responder a los esfuerzos de grupos de presión a favor de intereses comerciales arubanos y mexicanos. El hombre de confianza, Jim Stinebower, que participó en la redacción del proyecto de ley sobre narcotráfico, declaró que fue despedido por negarse a respaldar los cambios propuestos por Shelby.

Shelby negó recibir la influencia de grupos de presión, a pesar de que otros líderes republicanos expresaron preocupaciones similares a las de Stinebower.

“Los grupos de presión [de los narcotraficantes clave] recibieron un buen pago por su intento de influenciar y destruir este proyecto de ley durante este proceso”, comentó el Representante de Florida Bill McCollum. “Bueno, afortunadamente no han tenido éxito.”

II. No es cualquier banco. Es este banco: Citibank

“Juárez es la joya de la corona”

— Eduardo Valle, ex investigador de narcotráfico

Juárez, ciudad mexicana creciente y compleja de dos millones de habitantes constituye, entre otras cosas, el enclave geográfico que sirve de punto de encuentro del cártel de Juárez y el cártel del Golfo. La muerte en 1997 de Amado Carrillo Fuentes, líder del cártel de Juárez, desencadenó un violento reajuste de territorios y líderes que no ha calmado lo más mínimo los nervios de la ciudad.

Una cuestión interesante es que se ha dicho que el cártel actualmente conocido por el nombre de Juárez se llamaba originalmente el “Cártel El Paso” en los años 60, nombre de la ciudad estadounidense que se extiende a orillas del Río Grande, y que fue la cuna de este cártel. Las autoridades y los medios de información estadounidenses debieron haber considerado que otorgar a un cártel de narcotráfico el nombre de Juárez presentaría menores problemas para las relaciones públicas. Pero hoy en día la Policía generalmente se refiere al cártel como “la Organización Fuentes”.

En diciembre del año pasado, al desenterrarse nueve cadáveres en los ranchos cercanos a la ciudad, se hicieron numerosas conjeturas de que la banda formada por el difunto Carrillo Fuentes, conocido como “el señor de los cielos”, era la responsable del atentado.

Pero hubo otra noticia que pasó casi desapercibida. Esa misma semana, funcionarios de aduana estadounidenses, la policía argentina e investigadores de la Interpol México celebraron una rueda de prensa donde se anunció que se habían ingresado 10,8 millones de dólares en presuntas ganancias obtenidas por el cártel de Juárez en una cuenta neoyorquina del Citibank a través de Mercado Abierto, una casa de cambio de Buenos Aires.

De hecho, si nos remontamos a 1997, el Juez de distrito estadounidense Ellyn Ross del Tribunal del Distrito Este de Nueva York había ordenado el embargo de dos cuentas del Citibank valoradas en unos 26 millones de dólares, a nombre de los chilenos Alejandro y Jaime Ventura Cohen, vinculados a Amado Carrillo Fuentes.

En febrero de 1998, los hermanos Ventura Cohen, sin confesarse culpables de ninguna actividad fraudulenta, accedieron a satisfacer el pago de una multa de 856.000 dólares para liquidar los cargos lanzados contra ellos y contra Citibank por el gobierno estadounidense.

Un juego peligroso

A pesar de la existencia de una legislación estadounidense más rigurosa, el blanqueo de dinero continúa su próspero crecimiento. ¿El por qué?

Una respuesta es la poderosa influencia de la banca privada internacional. Los bancos privados, que son unidades de instituciones importantes, tales como Chase y Citibank, ofrecen sus servicios a clientes extremadamente ricos bajo condiciones estrictamente confidenciales.

“El blanqueador de dinero se ha despojado de su imagen convencional y ahora viste un traje de camaleón, por gentileza de la banca privada internacional”, describió Antonio Giraldi, banquero acusado en 1994 de blanqueo de dinero en Texas.

Los bancos privados son los responsables de la mayor parte de los 20 - 40 mil millones de dólares blanqueados en EE.UU. cada año, según una investigación realizada en 1999 por el Senador Carl Levin.

Últimamente el nombre de Citibank ha hecho noticia, principalmente como objeto de una investigación del Senado estadounidense titulada “La banca privada y el blanqueo de dinero” (“Private Banking and Money Laundering”). Entre 1991 y 1994, la unidad de banca privada de élite de Citibank ayudó a Raúl Salinas, hermano del ex presidente mexicano, a manipular 90 millones de dólares como mínimo a través de las cuentas de Citibank. Salinas era el “CC-2” de Citibank, o el “Cliente Confidencial Número Dos”.

El otoño pasado, el Subcomité Permanente para Investigaciones del Senado de EE.UU. estudió el papel desempeñado por Citibank al ayudar a Raúl Salinas y a otras figuras VIP cuestionables a nivel internacional a ocultar sus fortunas con discreción a través de cuentas offshore y Compañías de Inversiones Personales (PIC).

Durante la audiencia, tan sólo se hizo una leve mención del individuo llamado Cliente Confidencial Número Uno: Carlos Hank Rhon. Rhon fue descrito como el individuo que presentó a la “gerente de relaciones” de Citibank, Amy Elliot, y a Raúl Salinas. Hank Rhon había explicado que Salinas era un amigo de la niñez, e incluso aportó él mismo los 2 primeros millones de dólares para abrir la nueva cuenta de Salinas.

Varios años más tarde, cuando Salinas fue condenado por asesinato y sus cuentas en Citibank fueron examinadas, Hank Rhon se desentendió de su amigo, aduciendo únicamente: “Nos vemos en reuniones de tipo social”.

Elliot explica que fue la recomendación de Hank Rhon lo que influyó su decisión de prescindir de la comprobación de antecedentes que realiza el banco habitualmente. Se trató de un descuido que permitió a Salinas abrir paso secretamente a sus 90 millones de dólares a través de sus cuentas del Citibank para hacerlas llegar hasta Suiza. Los investigadores suizos determinaron que mucho de ese dinero procedía de sobornos de protección para cárteles de narcotráfico.

---------------

Elliot inmigró desde Cuba cuando tenía diecisiete años y ha trabajado en Citibank casi toda su vida. Después de algún tiempo, fue nombrada gerente de relaciones con figuras mexicanas importantes, en la unidad de banca privada de élite. Ha sido el centro de atención de gran parte del lío reciente de Citibank, habiendo sido duramente interrogada por un Jurado de Acusación del Departamento de Justicia primero, y luego el año pasado durante la investigación del Senado.

En dicha audiencia, celebrada el 9 de noviembre, se llamó a un testigo insólito para prestar declaración.

Antonio Giraldi, que había trabajado bajo la dirección de Elliot a finales de los 80, fue escoltado desde una prisión federal donde está cumpliendo una condena de diez años por blanqueo de dinero. Subió a la tribuna para hablar sobre cómo el sistema bancario privado facilita el blanqueo de dinero para los peces gordos de la delincuencia.

Y Giraldi sabría algo así —en 1994, fue declarado culpable por un tribunal de Brownsville, Texas, de utilizar el American Express Bank a fin de blanquear dinero para Juan García Ábrego, líder del cártel del Golfo que cumple actualmente once condenas perpetuas en una cárcel estadounidense. Este golpe fue una operación de mordacidad sensacional, que dio por resultado la condena de Giraldi y de otro banquero privado del American Express Bank International. La combinación de confiscaciones y multas ascendió a 35 millones de dólares.

Lo interesante de la situación es que en el juicio de Giraldi, Amy Elliot prestó declaración a favor de la fiscalía, y su testimonio favoreció la condena. En declaraciones juradas, Elliot se jactó de que Citibank comprobaba los antecedentes de sus clientes con sumo cuidado, a diferencia de la imprudencia demostrada por Giraldi y el otro acusado de American Express.

Elliot declaró ante el tribunal: "Con toda certeza, tres o cuatro superiores tuyos como mínimo te preguntarán: '¿Quién es este individuo, a qué se dedica, quién se lo presentó?'. Así son las cosas."

"Esa es la razón por la que vamos a sus hogares, la razón por la que visitamos a su familia, la razón por la que vamos a sus lugares de trabajo, la razón por la que recordamos fechas de cumpleaños…” explicó Elliot. “Es demasiado arriesgado no… tomar las precauciones necesarias, no saber a lo que te expones.”

En un informe reciente de la Oficina General de Cuentas (GAO) de EE.UU. se indica que el testimonio prestado por Elliot en Brownsville y sus acciones en Citibank fueron “contradictorios”.

¡Cómo debió saborear Giraldi el momento, en noviembre pasado, en el que le tocó a él declarar ante el Subcomité del Senado que estaba sometiendo a Elliot a un interrogatorio!

Recordando la época en que recibía buen trato en Citibank, Giraldi presentó el lado duro y cruel de este mundo aparentemente prístino: “…nadie intentaba seriamente averiguar el verdadero origen del dinero de un cliente. Nuestro mundo consistía en jugar al juego de los ‘nuevos ingresos’ de la forma en que nuestros ‘entrenadores’ directivos insistían, en ser recompensados por ellos cuando ‘teníamos éxito’, y en ser demasiado ingenuos para darnos cuenta de lo peligroso del juego al que jugábamos.”

Pero se trata de un juego muy lucrativo, donde las ganancias con frecuencia duplican las de otras unidades bancarias, y un banco puede cobrar cuotas de 1 millón de dólares o más por cuenta, de acuerdo con el subcomité del Senado.

Citibank sigue sometido a una investigación de cuatro años de duración llevada a cabo por el Departamento de Justicia. Varios requisitos técnicos exigidos por las leyes de blanqueo de dinero podrían evitar que la compañía y sus empleados sean procesados en el futuro. Uno de los requisitos es que próximamente, a principios del año que viene, se aplicará una ley de prescripción de cinco años, y si no se consiguen pruebas de algunas de las primeras transacciones, el caso podría tener que abandonarse.

Otro requisito dispuesto por la ley es que los banqueros deben haber sido conscientes o haber “ignorado deliberadamente” el hecho de que los fondos de los clientes procedían de una “actividad ilegal específica”.

El caso del Departamento de Justicia se ha visto entorpecido por el hecho de que el gobierno mexicano retiró su propia acusación de “enriquecimiento ilícito” contra Salinas antes de que éste fuera condenado al pasado año de ordenar un asesinato, a pesar de las declaraciones de numerosas personas que han testificado haber presenciado la entrega de pagos a Salinas por concepto de sobornos realizados por cárteles. Incluso durante la presidencia de Salinas, Eduardo Valle, investigador de narcóticos de la oficina del Procurador General mexicano, anunció el hallazgo de un cuaderno en la residencia del director de finanzas del cártel del Golfo donde se mencionaban pagos realizados al hermano del presidente.

Lavador de dinero Antonio Giraldi el noviembre pasado, jurando ante el Senate Subcommittee on Investigations.
AP Photo/ Joe Marquette

 

Los críticos afirman que la oficina del Procurador General de EE.UU. se ha mostrado reticente a llamar a dichos testigos a prestar declaración.

A pesar de la condena de Giraldi, pocos banqueros estadounidenses que colaboran con el sistema de narcotráfico son procesados o condenados.

Uno de los problemas de la aplicación de nuevas leyes bancarias es que el blanqueo de dinero siempre ha sido difícil de demostrar: el banquero siempre sostiene que no tuvo forma de conocer la procedencia del dinero. Lo cual a menudo es cierto —entrometerse en los asuntos privados de sus clientes puede resultar difícil y embarazoso para un banquero.

No obstante, el número de Informes sobre Actividades Sospechosas archivados por los bancos se ha disparado desde unos 80.000 en 1997 hasta los 124.000 calculados en 1999. Cada vez existe un número mayor de quejas presentadas por libertarios civiles, aduciendo que las nuevas leyes de blanqueo de dinero exigen que los banqueros actúen como delegados presentando Informes sobre Actividades Sospechosas acerca de un número creciente de clientes que cumplen con diversos criterios poco precisos.

Podría parecer que este alza en el número de informes significaría una derrota para los traficantes de drogas. Pero con frecuencia es el cliente inocente —cuya actividad parece “sospechosa”— el denunciado, en lugar del cliente privado rico y sigiloso.

Los bancos tienen poco que perder informando sobre un mayor número de clientes: las nuevas leyes de “puerto seguro” los protegen contra demandas en sentido inverso. Al llenar estos informes, los banqueros gozan de una imagen de mano dura contra los delincuentes, mientras que sus clientes privados de élite permanecen cómodamente intactos.

Mientras tanto, Citibank está ampliando sus negocios en México con la reciente adquisición del Banco Confía, un paso que solidifica el control de Citibank sobre el 16 por ciento del mercado financiero de este país. Políticamente, la empresa se encuentra muy bien situada, ahora que el ex Secretario del Tesoro Robert Rubin ha ascendido al puesto de codirector de Citigroup.

Citigroup es la nueva empresa formada por la fusión de Citibank y Travelers Insurance que debe su existencia principalmente al último gran empuje de Rubin mientras ocupaba su cargo público.

La legislación ganadora de Rubin obtuvo la aprobación del Congreso el otoño pasado. Las nuevas normas suavizan las restricciones impuestas en los servicios bancarios, lo cual permite a los bancos fusionarse con otros tipos de empresas tales como compañías de seguros y de inversiones —una consolidación de servicios que podría conducir a la monopolización.

III. Almuerzo en el Club Campestre de Laredo

“En el futuro, Laredo se alzará como metrópoli de la frontera, hogar de cien mil personas y centro comercial de la frontera…”

— Laredo Weekly Times, 1910

Según se cuenta, en 1988 Gary Jacobs, director de Laredo National Bank en Texas, invitó a los presidentes de EE.UU. y México, Ronald Reagan y Miguel De La Madrid, a un crucero por el Mar de Cortés a bordo de un yate con el modesto nombre de “Sheen Gone” (“Deslustrado”).

No es que al barco le faltaran los lujos apropiados para un jefe de estado, sino que Jacobs, que hablaba español con soltura, se había buscado un irónico chiste privado para dar nombre al yate. Bromeaba en la lengua coloquial de México, diciendo que el barco —o su propietario— era muy chingón. En otras palabras, lo mejor de lo mejor, muchachos.

Jacobs, banquero con gafas y parcialmente calvo, tiene la cara de un halcón, de facciones agudas y ojos más agudos aún. Ha sido amigo e invitado de los presidentes de ambos países desde la época de los cruceros.

¿Cómo es posible que el presidente de un pequeño banco del Sur de Texas se encontrara desempeñando el papel de agente comercial entre la nación más poderosa del mundo y una nación cuya importancia económica y política estaba creciendo a pasos agigantados?

Bueno, Jacobs dirige un banco, y el banco está en Laredo.

El antiguo dicho popular de que la ubicación lo es todo ha quedado bien demostrado en este caso. En aquellos tiempos, cuando el resto del país todavía pensaba que todo el dinero de Texas provenía de los pozos de petróleo, los ejecutivos bancarios de la frontera estaban ya al acecho, como coyotes alrededor de una madriguera de conejos, listos para darse un banquete con los beneficios que les reportaría el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La influencia ejercida por Jacobs a nivel internacional todavía se hace notar. El año pasado, cuando le tocó al TLC su evaluación prevista, se invitó al banquero a la mansión presidencial mexicana de Los Pinos, donde éste comunicó al mundo: “Poner de nuevo en la mesa el tema del TLC constituiría una grave equivocación, un esfuerzo que sólo tratarían de hacer los eternos enemigos de la expansión del comercio internacional.”

Jacobs entró en Laredo National Bank (LNB) en 1966, año en que “se casó con la hija del banquero”, como él lo describe. Pero su verdadero enriquecimiento tuvo lugar después de 1989, cuando invitó a Carlos Hank Rhon a comprar acciones. Desde la adquisición de Hank Rhon, indica el Wall Street Journal, el LNB ha sido “prácticamente la imagen promocional del TLC”. Hacia 1994, Hank Rhon se había apoderado del banco mediante una serie de maniobras sospechosas, incluida la canalización de millones de dólares a través de las cuentas de su familia en Citibank.

Laredo National también se dedicaba al negocio de ofrecer préstamos a los amigos y socios de Hank. Un ejemplo de ello es un préstamo de 3,5 millones de dólares para ayudar a Máximo Haddad a adquirir una residencia de 5 millones en Florida. Haddad es socio comercial de Carlos Hank González, padre de Carlos Hank Rhon, en un proyecto de construcción de una autopista panameña. La oficina del procurador general de México hizo público el año pasado que Haddad realizaba frecuentes viajes de negocios a Panamá con Mario Villanueva, el fugitivo que el gobernador Quintana Roo buscaba por tráfico de drogas y blanqueo de dinero para el cártel de Juárez.

Entretanto, la Junta Directiva de la Reserva Federal ha decidido investigar “irregularidades” en la forma en que Carlos Hank Rhon adquirió el LNB, escabulléndose de la acusación, legalmente enrevesada, de blanqueo de dinero. ¿Y quién se espera que sea el testigo estelar que preste declaración contra Hank Rhon? La mujer que en su día lo llamó “uno de nuestros clientes más estimados”: Amy Elliot de Citibank.

Cuando la Reserva Federal celebre su audiencia en Houston el mes de julio de este año, la cosa se va a poner fea. Jacobs y Hank Rhon tienen fama de contraatacar a los que, a su modo de ver, son responsables de su impopularidad. Este invierno, el LNB ha estado tramitando una demanda contra Christopher Whalen, crítico de Hank y ex autor del boletín informativo washingtoniano The Mexico Report (El informe mexicano), y contra el gobierno estadounidense, por su supuesta interferencia en las actividades comerciales del banco.

El banco y sus abogados niegan haber realizado cualquier actividad fraudulenta, y afirman “no haber sido nunca objeto de investigación alguna con respecto a actividades de narcotráfico o blanqueo de dinero”. No obstante, tras años de negativas por parte del banco y de los Hank, Héctor Ramírez de Laredo, Subprocurador General estadounidense, confirmó recientemente en documentos judiciales que en efecto, sí se está llevando a cabo una investigación penal activa en EE.UU. acerca de los Hank.

Tal vez como consecuencia de esto, hay indicios de que Jacobs ha empezado a distanciarse de su jefe. Jacobs está solicitando ayuda al cabildero Ben Barnes —el mismo Ben Barnes que admitió haber ayudado a George W. Bush a ingresar en la Guarda Nacional Aérea de Texas, eludiendo oportunamente su período en Vietnam.

Jacobs, según informó National Journal en enero, ha contratado a Barnes para ejercer presión a favor de la introducción de modificaciones en el proyecto de ley de autorización de investigaciones secretas del Senador Levin, en particular en los pasajes relativos a la propiedad requisada en investigaciones de narcotráfico. A pesar de que tanto Jacobs como Barnes sostienen la inocencia de Hank Rhon, las modificaciones que pretende introducir Jacobs protegerían a los accionistas minoritarios del LNB contra la pérdida de sus bienes, por si acaso Carlos Hank Rhon resulta estar implicado en actividades de narcotráfico.

Para Jacobs, esto supone un giro radical con respecto a su habitual defensa incondicional de Carlos Hank, y quizá constituya una señal de aviso de un cambio en el cauce normal de las aguas.

 

-------

Una tarde de febrero en el Club Campestre de Laredo. Los colores del interior, en las paredes y en la gente, son de un vainilla fresco y un limón claro, tan suaves y ligeros como el tul.

El premio “Mr. South Texas”, patrocinado por Laredo National Bank, se está presentando en un almuerzo anual como reconocimiento a las personas más influenciales del valle del Río Grande. El Gobernador George W. Bush y el Exsecretario de Comercio Robert Mosbacher recibieron este título en su tiempo. También lo recibieron amigos de la familia Bush, como Tom Frost, de Frost Bank, y Charles Butt, heredero de la cadena de tiendas de comestibles HEB. Asombrosamente, cinco mujeres han recibido también el título de Mr. South Texas.

Gary Jacobs, presidente del Laredo National Bank, con el sacerdote y otros VIPs en el Club Campestre de Laredo.

 

Los invitados están pagando cien dólares por plato para participar en el reconocimiento del ganador de este año. Gary Jacobs se enorgullece en dar la bienvenida al George P. Kazen, Juez de distrito estadounidense de Laredo, la figura estelar, hombre trabajador de mente brillante que, según la Juez Carolyn Dineen King cuenta a la audiencia, superó el examen del colegio de abogados sin problema alguno. El Juez Kazen cuenta algunos chistes y expresa su agradecimiento a todo el mundo, incluso a su hijo, empleado de Laredo National Bank. El invierno pasado, el Juez Kazen tomó la decisión de retirarse del juicio contra Laredo National Bank y Christopher Whalen, supuestamente a raíz de la relación entre su hijo y el Banco.

A excepción de las estrictas medidas de seguridad, no existe indicio alguno que delate la presencia del más mínimo problema. Uno no puede imaginarse, aquí en este salón, que un banco pueda estar implicado en drogas, o el cártel de Juárez, o los cadáveres, o Raúl Salinas y sus millones blanqueados. Uno no puede ni imaginárselo.

Su aspecto jovial y relajado durante el almuerzo contrasta fuertemente con la expresión que mostrará Gary Jacobs ante el tribunal, donde dentro de unos días se enfrentará a Whalen, y donde dentro de unos meses se enfrentará a la Junta Directiva de la Reserva Federal cuando ésta intente privar a Hank Rhon del derecho de ejercer la profesión de banquero en Estados Unidos. Ahí Jacobs también deberá defender a su jefe contra el poder formidable de Citibank, ese antiguo amigo que los abogados de Hank Rhon tachan de haberles dado la espalda para salvarse el pellejo en el caso Salinas.

Lejos del aire acondicionado del club campestre, ahí afuera, en el carril sur de la Interestatal 35, Hinojosa y los otros inspectores siguen bajo el sol abrasador, esperando que el próximo individuo que detengan no esté enojado ni lleve ningún arma. Esperan recibir el toldo prometido antes del verano, cuando las temperaturas pueden alcanzar los ciento diez grados. Esperan la aprobación de un contrato del ayuntamiento que les permita arrendar una zona donde los automóviles puedan parar a un lado de la carretera sin peligro.

“Decididamente, necesitamos más recursos en dirección sur para poder realizar inspecciones los siete días de la semana, las veinticuatro horas del día”, afirma Garza.

“Es muy difícil y muy frustrante.… Tienes unos veintidós segundos para decidir lo que vas a hacer con este vehículo, porque la cola lleva retraso.

“En el carril sur, una vez que dejas pasar un vehículo, ya no hay vuelta atrás. Ya se va para México.”

Hernández evalúa la dificultad de su trabajo y deja pasar a otro conductor. Su tarea parece descomunal, aquí donde este ejército de vehículos transporta toda la floreciente presión y promesa del libre comercio. El ejército es inmenso, quiere avanzar, seguir en movimiento y no detenerse jamás.

Traducción: Marga Vaquer


© 2000 El Andar Magazine

 

“Nuestro mundo consistía… en ser demasiado ingenuos para darnos cuenta de lo peligroso del juego al que jugábamos.”

— Antonio Giraldi, banquero condenado en 1994 por blanqueo de dinero