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SPRING 2000 ISSUE

Miguel Bosé:
En busca de la fama en tierra ajena

por Ana Leonor Rojo

 

Entre la borrosa línea que divide lo pop de lo profundo, lo cotidiano de lo comprometido, camina Miguel Bosé.

Desafiando los convencionalismos que dictan los caprichos consumidores, Bosé, el camaleón carismático de la música pop, ha mantenido una imagen que lo conserva en los ojos y los oídos de toda una generación española y latino americana al mismo tiempo que la transforma constantemente en algo que de inmediato se vuelve sólo suyo, en su sello de distinción.

Durante más de 15 años, el artista madrileño ha entretenido a multitudes por todo el mundo con sus dotes de autor, cantante, actor y bailarín. Ha grabado más de dos docenas de discos en cuatro idiomas, ha conducido sus propios programas de televisión y ha actuado bajo la dirección del enfant terrible del cine español, Pedro Almodóvar.

Con todo esto, y a pesar de su versatilidad y su innegable atractivo en el mundo de habla hispana, Bosé no ha podido romper la barrera cultural entre los latino-estadunidenses y los latinoamericanos,

“[Estados Unidos] es un país que tiene tantas particularidades, cosas buenas y cosas malas pero también las tiene mi país y México,” dice Bosé, tratando de explicar por que la fama lo ha eludido en éste país.

Desde Miami, donde se encontraba de gira de promoción, Bosé habló de su nueva producción “Lo mejor de Bosé”, una compilación de 16 canciones que abarca sus éxitos desde “Amante bandido” hasta dos de sus más nuevas creaciones “Hacer por hacer” y “No hay ningún corazón que valga la pena”.

Enigmático y reservado, Miguel Bosé amarra su lengua con un cordón de seda cuando habla con la prensa. Hijo del famoso torero español Luis Miguel Dominguín y la actriz italiana Lucía Bosé, Miguel creció rodeado de fama sin que esta se adentrara más allá de los estudios discográficos, el único lugar donde el cantaautor permite la entrada de los curiosos que no pertenecen a su mundo.

A pesar de su hermetismo (o tal vez causado por el mismo) los entremetidos no han dejado de especular acerca de Bosé, tratando de inmiscuirse hasta en los asuntos más privados. Mucho ha dado que hablar su orientación sexual, tópico que en la homofóbicas culturas latinas ha causado gran revuelo. Sus canciones “Salamandra”, y “Duende” se pensaron en su tiempo serían declaraciones veladas de una presunta homo o bisexualidad, tema que Bosé se rehusa a discutir. El camaleón de los mil movimientos musicales, confiesa adoptar personajes en sus historias que nada tiene que ver con él mismo, sino que nacen de una inspiración literaria ficticia.

“Yo escribo muy poco sobre mi, eh? Siempre le doy vida a otros personajes, como un ventrílocuo a sus muñecos,” dice el señor Bosé con mucha convicción. “Realmente escribo sobre personajes que cuentan cosas, que sienten emociones. A lo mejor desde ese punto de vista de repente hay cosas de mí que se escapan, necesidades de contar, de subrayar historias...”

Será tal vez que la empatía boséica exhude tanta veracidad que sus observadores encuentran difícil de creer que sus historias sean producto de la imaginación. “Partisano”, la historia de un soldado desertor, no podría ser más elocuente acerca de la guerra y el sacrificio humano que ésta demanda, como si el mismo Miguel hubiera cargado una metralla en el frente, defendiendo unos ideales que se diluyen como la sangre en la tierra.

A veces, sin embargo, es difícil descifrar el historial de sus personajes, como en el caso de “Sara”, aquella que abrió su puerta un día y se echó a volar en el disco “Bajo el signo de Caín”. ¿A dónde viaja Sara? Parece haber tomado una decisión muy importante que cambió su vida para siempre, pero más allá de una especulación es difícil de saber. Y es precisamente la ambigüedad de sus letras uno de los atractivos más fascinantes del fenómeno Bosé, algo que le otorga un aura de profundidad que raramente se encuentra en la música pop. Mucho dice pero poco explica, reflejando de cierta forma las ambivalencias de toda una generación que trata de discernir un orden en medio del caos: una generación que continúa amando a pesar del desamor.

Bosé ha desarrollado a lo largo de su carrera un sonido post-modernista que hace uso de instrumentos tradicionales junto a los sintetizadores y a las guitarras eléctricas, los oboes y los coros chamánicos. Su espíritu innovador y aventurero, el mismo que le ha empujado a la danza y a la actuación, le inspira pasiones que no se sacian con lo logrado y los acostumbrado, sino que se embarca constantemente en nuevas búsquedas, terrenos inexplorados que traerán más innovación y aventuras.

Cada disco nuevo es una reinvención de su música. Primero fue “Salamandra,” el cual rompió radicalmente con su anterior música juvenil. Ultimamente fue “11 maneras de ponerse un sombrero,” una selección de canciones ya consagradas como “Muro,” de Carlos Varela y “Ne me quitte pas,” de Jacques Brel, interpretadas muy a su manera: entradas orquestrales con sabor new age, coros inspirados en la música de mariachi y el blues. La selección es una buena muestra del gusto ecléctico de Bosé y sus políticas progresistas, coladas entre sus mil maneras de disfrutar y sufrir el amor.

A pesar de su clara obsesión con los temas del corazón, el niño travieso de la música pop ha logrado desarrollar una imagen de cantante concientizado a la manera de Ana Belén y Joan Manuel Serrat, aun si sus temas tienden a ser menos políticos. Pero es su lenguaje poético, el uso de sus imágenes no convencionales el que confiere a Bosé un aura de especialidad. Y de espiritualidad, escurridiza y a la vez palpable.

“Yo creo que si usted percibe eso [espiritualidad], seguramente usted necesita de mi músico y eso esta muy bien” dice el maestro de la evasión sin conceder. “A partir del momento que uno compone unas canciones, que uno hace el disco y que esta en el mercado debe pertenecerle a cada una de las personas que lo compra.”

Quizás su más grande dote reside en su habilidad para transformar tópicos cotidianos en melodías que tocan el alma, que resuenan en los sentimientos de una generación que ha crecido tanto con “Amiga”, “Como un lobo”, “Aire soy”, “Duende”, como en las guerras de los Balcanes, la caída del Muro de Berlín, la globalización de la economía y la cultura, y la creciente desilusión de una sociedad apática que trata desesperadamente de estrechar las manos con el género humano y lo único que logran es rozar dedos.

Miguel Bosé regresa a los Estados Unidos en mayo para promocionar su disco. Ahora que esta de moda el amor por la música latina, quizás el sentimiento poético de este camaleón escurridizo pueda encontrar un espacio en el que sus colores mórficos se adapten al panorama.



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